Las crisis y sus oportunidades | Economía



En los tiempos de crisis y en especial en los de las más profundas, como la inmensa que estamos viviendo a raíz de la pandemia por el coronavirus, siempre se llama a reflexiones desde perspectivas muy diferentes.

La más recurrente es una orientación espiritual con el llamado a practicar las virtudes personales para sobrellevar las penurias que han acarreado esas crisis. Algunos más irrespetuosos, aprovechan la ocasión para proponer que sus productos son ayudas eficaces para enfrentar esas difíciles circunstancias. Similares a la afluencia de vendedores ambulantes en los trancones del tráfico automotor que aparecen para ofrecer una gran variedad de ayudas para sobrellevar sus penurias.

Otros, los más acertados, son los llamados a la solidaridad que fue, es y siempre será la virtud humana que nos humaniza y nos permite sobrellevar las penas que no se pueden solventar en solitario. La que nos hace sentir alegría cuando apoyamos a nuestros semejantes. Esa es la virtud que desde siempre ha sido la única manera de sobrellevar las penurias que traen las crisis. Es la virtud que distingue a las personas y que ha permitido sobreponerse a todas las crisis, incluidas las ayudas solidarias que los gobiernos, a nombre de todos, proveen a los más necesitados. Esa solidaridad también será indispensable para solventar esta lamentable situación. ¡Y lo logrará!

Una segunda perspectiva, está orientada a proponer posibles soluciones. Entre más profunda sea la crisis, entre mayor sea el número de damnificados, mayores serán las oportunidades. Si una oportunidad se entiende como la posibilidad de resolver una necesidad, entonces entre más necesidades y más necesitados, mayores oportunidades. Esas posibles soluciones requieren una gran dosis de creatividad.

En efecto, como señala Albert Einstein, “la creatividad nace de la angustia” de quien se siente responsable de las adversidades que generan las crisis. Es la angustia que produce estar frente a unos resultados adversos, que no se esperaban. Es la normal angustia que genera cierto sentimiento de culpabilidad. Pero, en los casos frecuentes cuando uno considera que no es responsable sino víctima, entonces las crisis no promueven la creatividad y las innovaciones, sino los lamentos y las quejas por las injusticias de las que uno se siente víctima.

Comparto la importancia de ambas perspectivas y resalto una tercera: la importancia de las crisis como oportunidades de aprendizaje, reflexión y autocrítica. Como oportunidades singulares de conocer, desde una perspectiva de la irrefutable verdad de los hechos, el veredicto sobre los yerros cometidos o los aciertos obtenidos. A vía de ejemplo, podemos tomar el caso de nuestra estructura exportadora.

El coronavirus es una amenaza letal a la salud que ha puesto al descubierto la fragilidad de la estructura de nuestras exportaciones. Ha evidenciado nuestra incapacidad para convertir en realidad la centenaria necesidad de diversificar nuestras exportaciones, que ha sido un clamor unánime desde cuando las autoridades coloniales enfrentaron la primera crisis de nuestras exportaciones de oro.

Desde entonces venimos escuchando que ese anhelo de diversificación es un clamor nacional. Pero la crisis del oro, en la colonia; las del café, en el siglo pasado; y las del petróleo, en este siglo, parecen ser crónicas de unas dificultades económicas anunciadas. Lo que vivimos no son solo los efectos del Covid–19, sino las consecuencias de la manera como hemos venido promoviendo, sin éxito, el desarrollo de nuestras exportaciones y como hemos venido conquistando nuestra permanencia en el mundo del subdesarrollo.

Conviene recordar las palabras de Karl Poper, que señalan que “la ciencia no empieza con una nueva teoría, sino con la identificación que la teoría vigente no es correcta; inicia con la identificación de un problema”. Igual pasa con la creatividad. No se inicia con un enunciado de un gran descubrimiento, sino con la identificación de un problema que se resiste a ser resuelto.

En conclusión, el problema de la estructura de nuestras exportaciones ha sido “redescubierto” por el coronavirus. Lo que no puede ser es que continuemos incurriendo en la locura definida por Einstein como el “hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”. No podemos seguir repitiendo el discurso sobre la importancia de la diversificación de nuestras exportaciones y seguir utilizando las mismas fórmulas, supuestamente mágicas, que han fracasado durante más de tres siglos. Esta es una de los aprendizajes que nos depara esta enorme crisis.Alfredo Ceballos Ramírez Presidente y Fundador de Iara Consulting GroupDoctor en Estrategia y Dirección General de Harvard University

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