Sobreviviente de desplome de ascensor en Palacio de Justicia de Cali – Cali – Colombia



El vértigo estremece a ratos a la abogada Nayibeth Rodríguez cuando siente que la vida se le vuelve a soltar en una caída libre y brutal como la del ascensor del Palacio de Justicia de Cali, a tropezones y unos 40 kilómetros por hora.

Hacia las 2:00 de la tarde del 15 de agosto de 2018, Nayibeth abordó al ascensor número 3 del Palacio de Justicia con otros cinco pasajeros. Tenía afán y suspiró cuando vio que no pararían hasta el piso 10, de donde se bajaría y luego iría a un juzgado del piso noveno.

El aparato subió a unos 20 kilómetros por hora a través del conducto en el Palacio, en pleno centro de Cali. Este mismo edificio había recibido el taponazo de un carrobomba en la noche del primero de septiembre de 2008.

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Fueron más de seis años de reconstrucción y con el tiempo empezaron los comentarios sobre las varadas de los ascensores, según los reportes de la Asociación Nacional de Empleados de la Rama Jurisdiccional (Asonal).

Fue como si cortaran la cuerda de una montaña rusa

La abogada Rodríguez giró el cuerpo cuando llegaba al piso 10 y quedó de frente a la salida. Sin embargo, vino un chirrido largo y estremecedor.El citófono del ascensor no funcionaba, comentaban los pasajeros. El botón de alarma estaba fuera de servicio y esa cabina no tenía cámaras.

En los primeros segundos las seis personas empezaron a llamar por celulares a parientes, amigos y autoridades para decirles que estaban encerrados y colgando en ese pozo de unos 18 metros. Los minutos corrían y la incertidumbre ocasionaba desespero.(Sobrevivientes II: Así sobreviví a una caída de 600 metros en un parapente)

Con Nayibeth, de 30 años para entonces, estaba Álvaro León Barros, quien alcanzó a escribirles a su esposa, Patricia, y a su hermana, Beatriz, que llevaba 35 minutos atascado y que le estaban sirviendo las sesiones de meditación casera. Él no alcanzó a leer las respuestas de ellas.

Las voces de unos vigilantes y funcionarios les daban esperanzas a los atrapados.

Bomberos atendieron la emergencia, pero el desplome los sorprendió.

Foto:

Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO

Los Bomberos llegaron pero la cabina empezó a balancearse. El ascensor descendió en caída libre unos 18 metros a 40 kilómetros por hora. Nayibeth relata que era una descolgada impresionante.

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Cuando empezó la caída, un grito retumbó en el vacío: “nos matamos”.

“Fue como si cortaran la cuerda de una montaña rusa. Tengo un vago recuerdo de haber reaccionado cuando nos rescataban pero me dicen que todo se demoró por la cantidad de personas, unas encima de otras, con lesiones y fracturas expuestas”, cuenta Nayibeth.La abogada dice que los cuerpos de las seis víctimas del desplome quedaron envueltos en una nube de polvo.

Los socorristas no sabían qué hacer por la forma en la cual estaban los cuerpos unos sobre otros. El impacto estremecedor también los dejó apabullados.

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Las otras víctimas

Por el estrellón en el sótano 2 del Palacio, minutos después murió Luis Alberto García, de 56 años, administrador de empresas, quien con su esposa Adriana Garcés, subían esa tarde a trámites de una tutela. Ella sobrevivió con graves lesiones.

A las 7:55 de la noche fue reportada la muerte de Barros, un orfebre de origen guajiro que se distinguía por su espíritu romántico y optimista.

Esa tarde Barrios había llegado al Palacio con su amigo de infancia, el abogado Hernán Lozano Badillo, quien sufrió numerosas fracturas y sobrevivió tras un coma inducido y una veintena de cirugías.

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Durante varias semanas, Lozano no supo de la muerte de su amigo Barros y ha debido cruzar por terapias que le permitan aprender, de nuevo, a caminar.

La emergencia generó caos en el Palacio de Justicia.

Foto:

Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO

Bernardo Rincón Quintero, de 32 años, otro pasajero del ascensor, también sufrió lesiones en la caída.

Nayibeth dice que lo que ocurrió dentro de ese ascensor fue una ruleta mortal.

Los Bomberos rescataron entre las chatarras del ascensor a la abogada Nayibeth. En el impacto sufrió aplastamiento en la médula espinal con fracturas de vértebras T12 y L1.

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La paciente afrontó dos paros respiratorios. Ante hemorragias fue necesaria una transfusión de 15 bolsas de sangre. El equipo médico debía tenerla en condición de una primera cirugía para estabilizar su columna.

En las siguientes horas fueron necesarias otras tres intervenciones.

Entre las razones que Nayibeth encuentra sobre su sobrevivencia a tan inesperado accidente está la voz interior que cuando se enfrentaba a las cirugías le decía: “Mami, tú eres la más fuerte”.

La abogada asienta su fortaleza en el amor de su hija Gabriela, su esposo Óscar Andrés, sus padres y una familia unida.

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El 3 de diciembre del mismo 2018 la mujer volvió al quirófano ante abscesos (infección e inflamación) en la región sacra. “Debo agradecerle a todo el personal de salud, incluidos de medicina, enfermería, sicología, siquiatría y de terapias, por su tratamiento y dedicación”, dice.

La lesión raquiomedular le dejó sin control de esfínteres. Cada cuatro horas se debe someter a un cateterismo vesical con una sonda para extraer orina y evitar una falla renal. La incontinencia le obliga al uso de pañal.

Nayibeth y su hija Gabriela en una de las etapas de recuperación tras cirugía.

Para la fractura de fémur de la pierna izquierda le implantaron una varilla del tobillo a la rodilla. Las intervenciones también han sanado fracturas de cadera.

En 2019 fueron tres operaciones más. El 18 de febrero de este 2020 le hicieron una fijación del coxis porque se balanceaba y le dejaba en riesgo de sufrir heridas internas en el organismo y la piel.

Sin acuerdos

Con ella sobre una camilla, en urgencias, su familia debió elevar tutelas a la Empresa Prestadora de Salud (Eps) para que no la trasladaran de clínica. Su drama es paralelo en la tragedia que dejó a dos pasajeros del ascensor muertos y cuatro más con lesiones graves y cicatrices en sus existencias.

Hasta ahora no se ha llegado a un acuerdo con la aseguradora del Palacio de Justicia. Nayibeth perdió el 76,88 por ciento de su capacidad laboral. Su defensa, a cargo del abogado Jesús Hernán Posso, presentó un proceso de conciliación extrajudicial a la Procuraduría, un paso que los llevará a la justicia Contenciosa Administrativa. El delegado de la Ad ministración Judicial no compareció.

Nayibeth, además, sigue su dura recuperación aconsejada por el exarquero del América de Cali, Alexis Viera, quien desde que ocurrió el accidente se convirtió en uno de sus guias.

“Alexis fue una fuente de energía y sabiduría. Me explicó que mi vida cambiaría, que esto no se resuelve de un día a otro y solo a través de los años se podrán ver resultados”, recuerda la abogada.

Por ahora, Nayibeth Rodríiguez no puede atender sus procesos ante la justicia porque son ineludibles los procedimientos de cada cuatro horas para evitar una falla renal y poner en riesgo la vida.

Pero ella mantiene la consigna que le dicta su hija: “volverás a trabajar, mamita”.

JOSÉ LUIS VALENCIAEditor de EL TIEMPOCALI

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