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Desde hace unos días hemos venido escuchando respecto a una segunda ola o un rebrote de coronavirus, lo cual le ha venido sugiriendo a la ciudadanía una costumbre más allá de un miedo, teniendo en cuenta la disminución de casos por cierto un poco paradójica pues cuando la cuarentena fue más estricta tuvimos el doble de casos y actualmente en la nueva normalidad solo la mitad; asimismo la ocupación de más del 50% de UCIS por Covid-19 y un número de decesos superior a 150 cada día.

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Estas no son métricas para estar hablando de rebrotes o segundas olas, pero si nos indica que todavía estamos pasando por la primera etapa y dado el comportamiento que ha tenido Colombia en donde los casos subieron muy lentamente, es probable que estos números nos acompañen por bastante tiempo más, más aún cuando la OMS ha declarado la infección por coronavirus como endémica, es decir se establece como una enfermedad permanente dentro de nuestra sociedad al igual que otras endémicas como tuberculosis, malaria, entre otros.

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No existe certeza si nos mantendremos en este comportamiento o volveremos a tener un número mucho mayor de casos, basta solo con mirar los tiempos y cifras de contagios previstos y muertes para Colombia que a la fecha ninguno de estos se ha cumplido, puesto que es una enfermedad de la que sabemos muy poco y cualquier tipo de predicción es temeraria.

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La vacunación como alternativa para el control de la pandemia en Colombia es algo que todavía está lejos en el tiempo, ya que no existen vacunas disponibles ni probadas aún de manera exhaustiva y que den la suficiente seguridad. Ahora, volviendo a lo planteado por la OMS, con vacuna el control de esta enfermedad nos podría tomar 10 años.

El anuncio de la compra de 10 millones de dosis de vacunas es una noticia alentadora pero sin horizonte porque es una vacuna que por ahora no existe y no se sabe cuando llegará, pero no olvidar que para que esta tenga un impacto significativo en la inmunidad colectiva, deberá ser suimistrada a por lo menos el 60% de la población -un número mucho mayor a lo hasta la fecha comprometido-.

Por su parte, nuestro sistema de salud sale con una buena calificación al igual que todo el personal de salud pues tampoco tuvimos que obligar a ningún profesional a laborar y todos estuvieron prestos a brindar su vida por el prójimo, honrando nuestro juramento hipocrático. Sin embargo, ello no puede hacernos olvidar los nubarrones que tenemos en el horizonte.

Por otro lado, es llamativo como a lo largo de la pandemia el gobierno y todos los organismos de control no garantizaron el pago de las deudas a las redes hospitalarias, las cuales superan los 20 billones de pesos, ahora si a esta situación financiera tan endeble le sumamos el impacto de la pandemia inlcuida la decisión del gobierno de establecer unas tarifas para atención de pacientes covid-19 por debajo de los costos de prestación, no son buenos presagios para el manejo y control de una pandemia que en el mejor de los casos se resolverá en varios años.

El volver a plantear el confinamiento como alternativa de control es totalmente ilógico y no relacionado con el comportamiento del virus en Colombia, el impacto económico de la misma en el país le ha generado una desmejora en indicadores sociales de alrededor de 25 años, sin contar el impacto sobre todos los programas de promoción y prevención como vacunación entre otros.

No podemos olvidar que las tasas de morbimortalidad de la pobreza son muy superiores a las del covid-19 o cualquier otra enfermedad infecciosa hasta ahora conocida. Es necesario tener claro que no se trata de decidir entre economía y salud, las dos deben confluir en un solo objetivo, pero definitivamente un nuevo confinamiento para el país no solo seria errado sino sería desconocer nuestra sociedad y la forma en que vivimos.

Por: Dr. William Aristizábal Presidente de UNips (Unión de IPS de Colombia)