Ventas informales de aguacates en Barranquilla – Barranquilla – Colombia



“¡Aguacatones, vecina!” fueron las palabras que se repetían, una y otra vez, con la posesión de un ritmo musical no compuesto aún y que se filtraron una vez en la reunión virtual de trabajo de Raúl Vanegas.

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Sucedió en una de las tradicionales calles del Barrio Abajo, donde la curiosa promoción fue entonada por un vendedor informal de aguacates, fruto que se ha convertido en todo un fenómeno durante la pandemia en Barranquilla.

Debido al coronavirus, cuyo primer caso en la ciudad fue reportado el 17 de marzo, las medidas de prevención no se hicieron esperar: se estableció el toque de queda y se restringieron los accesos a los mercados. Además, con el ‘pico y cédula’, solo podía salir uno del núcleo familiar a hacer las compras.

Con el cliente en casa, se fue el mercado al barrio. Si bien las ventas ambulantes eran cuestiones del paisaje urbano antes de entrar en confinamiento, las mismas dieron la sensación de incrementarse, especialmente en las calles de los barrios.

Para subir las defensas y darle pelea al virus ese

Entonces el ‘desfile’ de vendedores con carretillas cargadas de pescado, verduras, accesorios de celular, sillas de oficina, muebles, frutas y hierbas medicinales cada vez era más constante. Principalmente los vendedores de estas últimas dos variedades, que aconsejaban a los vecinos comprar “para subir las defensas y darle pelea al virus ese”.

Fue así como los viajes diarios de los vendedores se volvieron predecibles. Tanto, que estudiantes y trabajadores temieron de que el “¡Patrona, aguacate, aguacate!” se filtrara en sus clases en línea o en las reuniones programadas en las plataformas digitales y preferían cerrar los micrófonos mientras no fuera necesario.

Sin embargo, la larga cuarentena terminó adaptando a vendedores y clientes, que todo se terminó llevando a la jocosidad y el folclor, aspectos típicos de la idiosincrasia Caribe. Por lo tanto, no terminaron faltando los contenidos virales en las redes sociales, como el docente que se disculpó con sus estudiantes por pausar el dictado mientras le preguntaba al vendedor en cuánto llevaba (precio) la unidad de aguacate.

O los memes que se empezaron a compartir como cadenas de whatsapp, en las que supuestamente se le entregaba un diploma de participación a “el señor de los aguacates, por su infaltable participación en todas las benditas clases y reuniones virtuales durante la cuarentena”, firmada por “el/la profe”.

En el mercado de Barranquilla se consiguen sobre los estantes dispuestos a la vista del comprador.

Foto:

Vanexa Romero /EL TIEMPO

Una cosecha de alto riesgo

Pero ¿de dónde vienen los aguacates que antes eran comunes en abril y ahora son la sensación en los comedores barranquilleros y plataformas digitales? EL TIEMPO contactó en las entrañas de los Montes de María, subregión del Caribe, al campesino Albeiro Yepes Henríquez, quien es referenciado en la zona como uno de los expertos de la fruta.

Y no es para menos si se tiene en cuenta que durante sus 44 años de vida ha crecido, se ha criado y ha conformado un hogar en medio de las siembras y cosechas de ñame, yuca, maíz, y plátano, además de aguacate, en Caracolí, corregimiento de El Carmen de Bolívar.

Desde niño aprendió el proceso de la fruta, desde que se siembra la semilla hasta cinco años después para recoger hasta seis bultos de 100 aguacates en seis horas por día, aunque recalca con un tono seguro en su voz que estas cifras dependen de la cosecha.

Este es uno de los memes con los que los usuarios interactuaron ante el fenómeno de los aguacates.

De allá arriba han bajado hasta a la gente muerta. Por eso, no voy con nervios. Si uno se va a montar nervioso, es mejor que no se monte

Precisamente en ese proceso de cosecha, según cuenta, no solo se arma de una cabuya y un saco, sino también de valor y sangre fría para treparse cada ocho días a un árbol de aproximadamente 20 metros de altura, el cual demanda de 11 años para lograr ese crecimiento e imponerse en medio de las plantaciones.

“De allá arriba han bajado hasta a la gente muerta. Por eso, no voy con nervios. Si uno se va a montar nervioso, es mejor que no se monte”, asegura Yepes, sin titubear y con determinación, con la misma que usa para subirse y bajar centenares de aguacates.

Aunque en sus confesiones se ríe luego y destaca que usa otros métodos tranquilizantes antes de llevar a cabo la faena en compañía con otras dos o cinco personas más, como interpretar melodías musicales.

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“Uno mismo canta (risas) las canciones de Diomedes Díaz”, dice, especialmente las que hacen alusión a las labores en el campo, cuyas letras características de aquellos vallenatos clásicos son sus preferidas.

Agrega que, en una buena temporada, las fincas con 10 hectáreas de extensión en la zona están recogiendo hasta 50 mil aguacates al día, los cuales son distribuidos a Barranquilla, Cartagena, entre otras ciudades del país.

De esos 50 mil aguacates salen los aguacates carmeros (propios de la zona), el aguacate papelillo y el aguacate lorena, llegando a alcanzar las tres libras solo la unidad. Pero, para este experto, el mejor es el carmero, el criollo. “Y no porque sea de acá” –aclara- “sino porque tiene un sabor diferente”.

Los vendedores informales usan cualquier tipo de implementos que sirvan de apoyo para distribuir aguacates en la ciudad.

Foto:

Vanexa Romero /EL TIEMPO

Situación con la distribución

El fenómeno de los aguacates en Barranquilla tiene contentos a los vendedores, pues el producto se está vendiendo bastante. Uno de los beneficiados es Frank Ahlbrecht Tabares, quien administra en la ciudad una distribuidora, a la cual le ha dedicado 12 años.

“El aguacate es una fruta que sube las defensas, por eso se está comprando bastante por estos días en la ciudad”, indica Ahlbrecht, quien confiesa que prefiere los aguacates cosechados en el Eje Cafetero por encima de los traídos desde El Carmen de Bolívar.

Según él, la apariencia de los carmeros, con la concha gruesa y arrugada, hace creer al comprador que la fruta está dañada, a excepción de “unos pocos” que conocen sus características, y así se pone difícil la venta.

Sin embargo, coincide con Yepes al comparar el carmero con una mantequilla y destaca el sabor de los mismos. Mientras que el proveniente de Manizales y Pereira le está llegando maltratado por demoras durante el traslado.

Asimismo, asegura que el valor de los aguacates varía desde que sale de la cosecha. En su caso, por ejemplo, consigue el kilo a 1.700 pesos y en el mercado se dispone a $2.500, mientras que los vendedores ambulantes lo circulan en $3.000 la unidad al ciudadano.

El consumo del aguacate es excelente, en los días de plaza se me agotan muy rápido a pesar de que se ha encarecido

Así está en las calles

La realidad del aguacate en las calles va acorde al reporte del distribuidor. En las estanterías de los fruver está durando menos que un merengue en la puerta de un colegio, según manifiesta Vilma Burgos, administradora de uno de estos establecimientos.

Desde que esta mujer emprendió el negocio en marzo, justo cuando llegó el covid-19 al país, la compra se ha ‘disparado’ más en los últimos días, toda vez que los 40 kilos de aguacates que antes duraban en el estante de cuatro a cinco días, ahora se está adquiriendo en dos o tres.

“El consumo del aguacate es excelente, en los días de plaza se me agotan muy rápido a pesar de que se ha encarecido, ya que no hay tanta producción en la cosecha”, asegura Burgos, quien recomienda este producto fresco como acompañante en los almuerzos.

La velocidad en las ventas que reportan distribuidores y vendedores formales es inversamente proporcional a los que van promocionando el aguacate en grandes recipientes o carretillas por los barrios de Barranquilla y Soledad.

Van a pie, entre los callejones, circulando con el balde cargado de aguacate verdoso en sus hombros y cabeza, en un recorrido que alcanza hasta los cuatro kilómetros, según la venta, la cual determina la velocidad con la que avance el vendedor.

Algunos consumidores prefieren comprar aguacates a los vendedores que pasan frente a sus casas.

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Vanexa Romero /EL TIEMPO

“(Silbido) ¡Oye, llegaron los aguacates, ve!”, grita uno de ellos en la Ciudadela 20 de Julio, mientras una gota de sudor le baja por el pómulo izquierdo y aplaude con el fin de llamar la atención de los vecinos compradores.

Salió a vender pasadas las 8 de la mañana y a las 11 de la mañana aún llevaba la canasta llena de unos 15 aguacates. Por eso avanzaba rápido diciendo “estoy enhuesado”, refiriéndose a lo regular de las ventas en aquella jornada.

Esos son mis favoritos, aparte de lo rico en vitaminas. Y si es carmero, mejor. Ese sabe a mantequilla

Los usos caseros

Para adquirir los aguacates e incluirlo en el plato del día de su familia, Raúl Vanegas tiene dos opciones: los compra en el mercado o directamente a uno de los vendedores que pasa por la cuadra de su casa y que lo alerta con algún estribillo alusivo a los “aguacatones”.

“Esos son mis favoritos, aparte de lo rico en vitaminas. Y si es carmero, mejor. Ese sabe a mantequilla. Para mí, un aguacate económico es el que uno encuentra en la calle por 2.500 pesos. Lo come toda la familia”, manifiesta el habitante de Barrio Abajo.

Vanegas detalla que prefiere usarlo en las comidas como guacamole o encima de las carnes y recuerda que se puede usar como tratamiento para el cabello.

La grasa natural del aguacate, combinada con sus nutrientes, lo hacen un ingrediente perfecto como acondicionador para el pelo

¿Qué tan cierto es esto último? No es una idea descabellada. De acuerdo con Alejandra Guerrero, nutricionista del Hospital Universidad del Norte, el aguacate está siendo utilizado en el cabello por su composición.

“La grasa natural del aguacate, combinada con sus nutrientes, lo hacen un ingrediente perfecto como acondicionador para el pelo. Su densidad y cremosidad hacen fácil su aplicación y se utiliza para acondicionar el cabello dañado y seco”, destaca la nutricionista.

Específicamente se usa como mascarilla para el cabello, desmaquillante a base de aguacate y la cáscara como bálsamo labial.

Ahora, Guerrero aclara que el aguacate no es una fruta, sino del grupo de las grasas en el plato del buen comer. Son grasas saturadas monoinsaturadas y polisaturadas que también se encuentran en el aceite de oliva y el coco, las cuales el cuerpo debe ingerir diariamente en un 30 por ciento.

Otras propiedades

Según Alejandra Guerrero, entre las propiedades del aguacate que garantizan los beneficios al organismo, se encuentran los compuestos bioactivos, que contiene fitoesteroles, luteína y compuestos fenólicos.

También potasio, que contribuye a controlar la hipertensión; vitamina E, liposoluble con efectos antioxidantes que ejercen efecto protector sobre las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

Para acompañar en la ensalada, simplemente solo o para el cabello. Esos son algunos de los usos que les dan los consumidores al aguacate.

Foto:

Vanexa Romero /EL TIEMPO

Además, contiene vitamina B6, indispensable para el normal funcionamiento de los sistemas nervioso e inmunitario.

Asimismo, ácido fólico, el cual es vital en la prevención de enfermedades congénitas en el embrión; y fibra, que contiene fibra soluble e insoluble. Tiene efecto saciante y previene el estreñimiento, además de ayudar a controlar la diabetes.

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“Consumir este tipo de grasas ayuda a reducir el colesterol, LDL y triglicéridos cuando reemplazan en la dieta a las grasas saturadas, contribuyendo así además a prevenir las enfermedades cardiovasculares”, concluye Guerrero.

Por lo anterior, el fenómeno que se ha suscitado durante la pandemia ‘pica y se extiende’, llevando beneficios que se traducen en ingresos a los campesinos, distribuidores y vendedores formales e informales, estos últimos afinando la voz para filtrarse en las reuniones virtuales si no se cierran los micrófonos y, finalmente, alimentando a los hogares barranquilleros y arreglándole el cabello a otros.

Deivis López OrtegaCorresponsal de EL TIEMPOEn Twitter: @DeJhoLopezEscríbeme a deilop@eltiempo.com